Cuarenta y cuatro años y dos meses después del asesinato de Malcolm X, el destacado líder de los derechos civiles de la comunidad negra en Estados Unidos, su asesino, Thomas Hagan, el único hombre de los tres detenidos que admitió su responsabilidad en el homicidio y por lo que fue condenado a una pena de entre 20 años de cárcel y cadena perpetua, quedó libre ayer de manera condicional, informó la prensa neoyorquina.
Hagan, actualmente de 69 años, está en un programa de empleo de tiempo completo desde marzo de 1992, lo que le permite estar en su casa con su familia cinco días a la semana, mientras que sólo dos días se reporta en el centro penitenciario de Nueva York, luego de que se le negara la libertad condicional en 14 ocasiones desde 1984.
Hagan fue sentenciado a entre 20 años y cadena perpetua tras ser declarado culpable en un juicio celebrado en 1966.
Para obtener la libertad condicional, Hagan tuvo que buscar un empleo que debía conservar –trabaja en un restaurante de comida rápida desde hace siete años– y mantener a sus hijos, así como cumplir condiciones que le imponía el tribunal y que ahora deberá mantenerlas, como el de estar acompañado por un oficial todos los días y someterse a pruebas de drogas en forma sorpresiva.
REMORDIMIENTO. El centro penitenciario al que acudía hasta ahora Hagan se encuentra curiosamente en la esquina de la calle 110 de Manhattan con en el bulevar Malcolm X, la vía que la ciudad de Nueva York dedicó a la memoria de uno de los líderes afroestadunidenses más activos de su historia.
“Tengo profundos remordimientos sobre mi participación (en el asesinato). Considero que jamás tendría que haber ocurrido”, dijo Hagan ante el tribunal que finalmente accedió a otorgarle la libertad condicional, informó el canal de noticias CNN.
ANTECEDENTE. Hagan fue el único de los tres detenidos por la muerte de Malcolm X que reconoció su participación en el asesinato perpetrado el 21 de febrero de 1965 cuando el activista hablaba en Nueva York ante 400 personas y toda su familia.
Los otros dos condenados por la muerte del activista afroestadunidense, Muhammad Abdul Aziz y Khalil Islam, negaron haberlo asesinado y consiguieron la libertad condicional en 1985 y 1987, respectivamente.