El general Reynaldo Benito Bignone, de 82 años, último dictador militar de Argentina, fue condenado ayer a 25 años de cárcel por crímenes contra la humanidad en Campo de Mayo, el mayor cuartel militar clandestino de arresto y tortura.
Tras cinco meses de juicio en un el Tribunal Federal de San Martín, cercano a Buenos Aires, por donde pasaron más de 200 testigos, Bignone fue condenado por delitos que cometió no durante su desempeño como dictador (1982-1983), sino como subjefe del Comando de Institutos Militares, cuando de 1976 a 1978 ordenó el secuestro de 56 guerrilleros y opositores políticos, que fueron encerrados en dos campos de concentración del cuartel Campo de Mayo, El campito y La casita, donde sufrieron torturas y acabaron siendo arrojados en los siniestros “vuelos de la muerte”, donde eran arrojados vivos al mar.
El Tribunal dictó idénticas penas para los ex generales Santiago Omar Riveros y Fernando Verplaetsen, y sentenció a 20 años al ex militar Carlos Tepedino. También condenó a los antiguos militares Jorge García y Eugenio Guañabens Perelló a 18 y 17 años de prisión, respectivamente, y absolvió al ex policía Germán Montenegro.
Satisfacción de familiares. En una resolución aplaudida por familiares de las víctimas de la dictadura, que presenciaron la lectura del veredicto, el tribunal ordenó además que se revoque la prisión domiciliaria que hasta ayer cumplían Bignone, Tepedino y Guañabens Perelló, quienes deberán ser conducidos a una cárcel común junto al resto de los condenados.
“Estamos felices por las condenas y la decisión de internarlos en una cárcel común, por los 30 mil desaparecidos, por las madres, las abuelas, los hijos, por el pueblo argentino”, afirmó Estela de Carlotto, de Abuelas de Plaza de Mayo.
En la misma línea se pronunció el secretario de Derechos Humanos del país, Eduardo Luis Duhalde, para quien la sentencia es “justa, acorde con los hechos probados”.
Invocando a Perón. Bignone afirmó ayer en su testimonio final ante los jueces que en Argentina se desarrolló una “guerra irregular” en la que las fuerzas armadas “tuvieron que intervenir para derrocar al terrorismo”.
El dictador, para quien las víctimas de la represión “ni eran tan jóvenes ni tan idealistas”, recurrió a una cita del tres veces presidente Juan Domingo Perón para justificar la represión, y cuestionó las cifras de víctimas del régimen de facto: “Aniquilar cuanto antes este terrorismo criminal es una tarea que compete a todos los que pretendemos una patria justa, libre y soberana”.